
Orígenes históricos
En esta sección podrás conocer más sobre la historia del Barrio a lo largo de los siglos.
Localización
El Barrio de Niño Jesús se encuentra ubicado en el corazón de Coyoacán, al poniente del Pueblo de Los Reyes, al oriente del Barrio de San Francisco y al sur del Barrio de la Concepción y la Villa Coyoacán.
Sus principales calles son la Av. Miguel Ángel de Quevedo; Calle Fernández Leal que es la principal entrada; Calle Espíritu Santo que es el acceso y conexión con el Barrio de San Francisco; Calle Toussaint en honor a Manuel Toussaint, notable historiador que habitó el Barrio; Calle de Heliotropo, que es la que conecta con los callejones del mismo nombre.

Orígenes prehispánicos
Los orígenes de nuestro Barrio provienen de la época prehispánica, aunque no se sabe con precisión el año de su fundación. Hay algunos registros que señalan que desde la llegada de los tepanecas en el siglo XI pudo haberse formado el Barrio primigenio, pero lo más probable es que haya sido cuando se conformó el Tlahtocáyotl (señorío) de Coyohuacan y se conformaron algunos tlaxilacallis (barrios o pueblos) alrededor. (Cubillo, 2014)
Primera capital de la Nueva España
Durante la conquista de México-Tenochtitlán, Hernán Cortés comenzó el asedio final de la capital mexica desde Coyoacán. Una vez consumada la conquista, eligió este sitio para establecerse y fundar el primer ayuntamiento de la cuenca del Valle de México.
Aprovechando la organización sociopolítica prehispánica que había regido al señorío de Coyohuacan, se erigió la Villa de Coyoacán, como centro político y administrativo sobre el cual se estableció la primera capital de la Nueva España.

Barrio del Niño Jesús Tehuitzco
La urbanización de Coyoacán se replicó en sus localidades cercanas, las cuales evolucionaron de los tlaxilacallis al establecimiento de barrios, que fueron adquiriendo una personalidad propia, comenzando por la construcción de ermitas o pequeños templos, dedicados a un santo patrono en particular, como fue el caso de Santa Catarina Omaque Atongo, La Limpia Concepción, San Francisco Hueytetitla, San Gregorio Quauhtlacapan, Tochco, Los Reyes Hueytlilatl, La Candelaria y Niño Jesús Tehuitzco (Rostán, 2012). El topónimo Tehuitzco que significa “pedregal de piedras agudas” haciendo referencia a la presencia de piedra volcánica que marcaba el inicio del Texcallan (paraje de rocas), nombre prehispánico que hace referencia al Pedregal, mismo que aportaba materiales necesarios para la construcción de los primeros asentamientos de la zona (Historia oral de los barrios y pueblos de Coyoacán, 2003).
Con la expansión territorial de la Villa de Coyoacán, también se extendió el proceso de evangelización. Las primeras capillas de Coyoacán se construyeron sobre los teocallis, para sustituir la fe de los indígenas por las figuras cristianas.
Los frailes franciscanos debieron aprovechar la existencia de un teocalli o adoratorio en el cual los indígenas realizaban diferentes celebraciones, en fechas cercanas al año nuevo y construyeron una capilla abierta en donde se encontraba el teocalli y la dedicaron al Niño Jesús, aprovechando su imagen como elemento de evangelización, por lo cual su fiesta patronal se estableció el 1 de enero de cada año, en sustitución de las antiguas celebraciones indígenas.
El Barrio Colonial
Las primeras evidencias históricas del Barrio datan del documento "Visita del oidor Gómez de Santillán al pueblo de Coyoacán" de 1553, en el cual se describe el sistema tributario de Coyoacán y sus unidades dependientes. En este documento se menciona a Tehuitzco, como barrio que prestaba servicio personal, es decir, los macehuales debían trabajar como mano de obra en construcciones públicas y demás labores donde fueran requeridas.
El diseño bajo el cual se construyó el Barrio impedía trazar calles con mayor orden debido a la naturaleza accidentada del terreno, que está sobre el pedregal, por lo cual distinguir calles rectas es casi imposible.
Una de las características más destacadas del Barrio del Niño Jesús Tehuitzco, y que permitió que se asentaran en esta localidad, era la presencia de recursos hídricos naturales en abundancia. De acuerdo con algunos estudios e investigaciones de Enrique Rivas Llanos, ex director del Museo de Sitio Arqueológico Hueytlilatl del Pueblo de Los Reyes Coyoacán, el cual conserva la evidencia histórica del Sistema Hidráulico Acuecuexco, el Barrio del Niño Jesús formaba parte de este sistema hidráulico de importancia para los pueblos circundantes a los pedregales.
En investigaciones de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) encontraron algunos documentos en el Archivo General de la Nación, los cuales datan de 1712, en los cuales el corregidor del Marquesado del Valle, Pedro Fernández Cacho, visitó el Barrio del Niño Jesús y dio fe de dos hechos históricos: primero, confirma que la ubicación del Barrio se encontraba en los límites del Pedregal, así como la ermita del Niño Jesús; y segundo, confirma la presencia de manantiales y ojos de agua en el Barrio, que los nativos llamaban Chichichihuapan (que en náhuatl quiere decir, lugar de la preciosa mujer que cría, asociado con la diosa de las aguas y la fertilidad Chalchitlicue), y se conectaba con el manantial de Tetepilocan, que recibía las aguas de los manantiales del Pueblo de los Reyes.
De acuerdo con algunos documentos históricos, a finales del siglo XVIII los habitantes del Barrio eran españoles, mestizos, castizos y pardos (Historia oral de los barrios y pueblos de Coyoacán, 2003). La estructura social del Barrio comenzó a moldearse en desde la época colonial, sin embargo, la rastreabilidad de los árboles genealógicos de las familias nativas del Barrio es compleja debido a la amplitud de los vínculos familiares con los otros pueblos y barrios y solo se hace un poco más clara hasta el siglo XIX, en familias como los Piña, Negrete, Hernández, Belmont, entre otras.
Esta naturaleza mestiza, es la que le ha dado la identidad al Barrio, el cual ha sido receptivo de una gran cantidad de visitantes que se han quedado encantados con su tranquilidad desde siglos atrás. al Barrio también llegaron familias extranjeras, por ejemplo, las familias Schrader, de origen alemán, y de origen francés los Proudom, Ritter y Toussaint (Bassi, 1997).
El Barrio del Niño Jesús se caracterizaba por sus grandes extensiones de terrenos llanos, en los cuales se practicaba la agricultura y ganadería de pequeña escala, sembrando principalmente zacates y alfalfa que servía de alimento para el ganado bovino y porcino que se criaba en el Barrio. Pero también existía una gran cantidad de árboles frutales, como perales, manzanares, membrillos, así como cultivos de acelgas, espinacas, chícharos, fresas; también de flores como girasoles y rosas; y de igual forma, debido al pedregal, nopales y tunas en abundancia (Pulido, 1982).
Composición social y actividades económicas
El siglo XX
El nuevo siglo llegó al Barrio y trajo consigo varias transformaciones que cambiaron su estructura tanto urbana como social.
Gracias a algunos escritos de Don Ricardo Hernández Tapia, habitante nativo del Barrio, es posible obtener una fuente primaria que explica en detalle cómo era el Barrio a principios del Siglo XX:
"En aquellos días de aquellos años veintes, nuestra niñez transcurría dentro de un pequeño mundo llamado Barrio del Niño Jesús. En nuestras familias había muchas limitaciones; las causas de los tiempos difíciles eran los estragos causados por la influenza española y el sufrimiento de nuestros padres y abuelos por la epidemia del hambre, como consecuencia de la prolongada Revolución. Sin embargo, ¡cómo no añorar aquellos tiempos!. Nos rodeaba un ambiente limpio, y sin tener abundancia, los alimentos eran sanos y nutritivos, nuestra casa de techos altos y amplias habitaciones, construida por mis bisabuelos sobre las rocas del pedregal, Sixto Tapia y Soledad Rivas quienes la dejaron a mis abuelos Filomeno Tapia y Tecla Belmont y que, gracias a Dios y a ellos, fue recibida en herencia por mi querida mamá Tere. [...] En relativo silencio nos dejaba oir a todas horas aquí el Barrio las campanadas del reloj de la Parroquia; en los meses de frío los extensos campos y alfalfares se cubrían de suave escarcha. Sentíamos que el tiempo se detenía para admirar lo grande de la naturaleza...para luego transcurrir lentamente." (Bassi, 1997).
Hay testimonios como los de Graciela Díaz de León, que recuerdan cómo era el Barrio a principios del siglo: "En este predio, lo que abundaban eran las huertas y mis abuelos adquirieron esta tierra que era parte de una manzana, como en 1913. La delimitación de la huerta de mi abuelo eran grandes llantas de alcatraces y membrillos. Los dueños tenían nombres ancestrales como Temeztitla y Falalta. En esta propiedad había árboles frutales y mi abuela sembraba flores; se encontraban víboras y conejos salvajes que venían del Pedregal.
Otro testimonio, de Antonio Mendoza Rodríguez señala lo siguiente: "Mi padre se llamaba Marcos Mendoza Piña y murió en 1911. Antes era un baldío. De la segunda a la tercera cerrada de Heliotropo, era propiedad de mi papá. Allá sembrábamos maíz y frijol. Yo estudiaba y ayudaba a los peones que trabajaban en el campo.
La Sra. Concepción López Piña, señala: "Mi abuelita, la Sra. Lupita Piña, era dueña de todos los lotes que hoy abarcan la tercera cerrada de Heliotropo y que limitaban con el Pedregal de Santo Domingo, de hecho se podía caminar desde lo que hoy es Miguel Ángel de Quevedo hasta el Eje 10 caminando por los pedregales, aunque había que cuidarse de los cincuates, las víboras de cascabel y las tarántulas que salían a medio camino. Los terrenos de mi mamá eran prácticamente pedregal, que poco a poco los fuimos emparejando y construyendo nuestras casas con el paso de los años, por eso hay unas casas más arriba que otras, se fueron haciendo conforme se iba picando la piedra.
Urbanización del Barrio

Llegada de la Congregación de las Hermanas Mercedarias
En la década de los 30 del siglo XX, la religiosa María del Refugio Aguilar y Torres, viuda de Cancino, y fundadora de la orden religiosa de las Hermanas mercedarias del santísimo sacramento, decide establecer la sede de su congregación en el número 130 de la calle Fernández Leal, debido a diversos conflictos que tuvo la orden religiosa por la guerra cristera, y que las obligó a buscar un sitio más seguro para profesar la fe. La llegada de las mercedarias al Barrio del Niño Jesús no pasó desapercibida por sus habitantes, pues la congregación se convirtió en un protagonista más de la vida diaria del Barrio, conviviendo con los servicios eclesiásticos de la Iglesia del Niño Jesús, oficiando algunas misas, preparaciones para primera comunión, comuniones y bodas.
Otro aspecto que trajeron las mercedarias al Barrio del Niño Jesús, fue la instalación de la única escuela de la que se tiene registro en el Barrio, que fue la escuela "María Teresa Cancino" que operó como kinder, preprimaria y primaria desde mediados de los años 40, hasta el año 1998, cuando tuvo que cambiar su sede a un inmueble en el centro de Coyoacán.
Es precisamente la década de los años 40, cuando en el marco del desarrollo estabilizador, el Barrio comienza a vivir las transformaciones más importantes, que le dieron su identidad y sentido de pertenencia que perdura hasta nuestros días.
Algunos testimonios como el de la escultora Graciela Díaz de León describen cómo era el Barrio en la primera mitad del siglo XX: "Eran puros callejones, no había calles. Era tan angosto que no cabía un automóvil, aquí solamente pasaban carretas con alfalfa para las vacas, porque aquí había muchas vacas. Todos tomábamos leche de vaca fresquísima". Otro testimonio de la Sra. Elena Salazar Ortiz señala que: "Cuando tenía 10 años, mi mamá compró el terreno a 50 centavos el metro. Compró 300 m2. Antes se pagaba con monedas de oro y plata (Bassi, 1997).
Los años 40 fueron determinantes para Coyoacán, y en este proceso también se vio inmerso el Barrio del Niño Jesús. En esta década se inauguran las avenidas Miguel Ángel de Quevedo y Pacífico, que en otros tiempos no tenían un trazo tan claro como lo conocemos actualmente. Este proceso implicó la compra y expropiación de terrenos por causa de utilidad pública, lo cual provocó dos fenómenos: el desplazamiento de población nativa hacia otros sitios y el aumento de la población en los pueblos circundantes al Pedregal, los cuales empezaron a asentarse en las piedras y poco a poco irla transformando para construir sus viviendas (Schara, 1990).
Este proceso de crecimiento demográfico y urbano, aunado a la construcción de otras obras magnas como la edificación de Ciudad Universitaria, comenzaron a ejercer una presión sobre los recursos naturales de los que gozaba el Barrio.
Integración del Barrio en la Ciudad de México
![]() Boda Nicolas Bautista y Consuelo López | ![]() Lavaderos comunitarios | ![]() Vida rural del Barrio |
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De la abundancia a la carencia de agua

El avance de la urbanización en y alrededor del Barrio comenzó a hacerse notorio en la sobre explotación de los recursos que durante siglos habían conservado los nativos del Barrio. El agua fue el primer recurso que sucumbió ante esta situación. Los pobladores recuerdan cómo era la situación del agua en el Barrio antes del crecimiento urbano. El Sr. Álvaro Rosas recuerda: "En donde está la capilla había una zanja de agua, un canal, agua corrediza, no estancada. El púlpito quedaba cerca de la cerrada de Heliotropo y daba agua muy limpia, plateada." Esta situación cambió con el paso de los años, y los recursos hídricos con los que contaba el Barrio se agotaron, destinados a cubrir las necesidades de otras colonias cercanas (Bassi, 1997).
Ante esta situación, la familia Bautista tomó un papel protagónico y de vital importancia para el Barrio. La Sra. María Elena Bautista recuerda este proceso histórico para la comunidad:
"En 1944, me tocó ver cuando abrieron para el drenaje. Mi papá Francisco Bautista Romero, sus hermanos y los amigos Francisco Rodríguez, Alfredo Tenorio, Enrique Álvarez, Julián Hernández y otros, metieron el agua en todo el barrio. Se pusieron hidrantes en determinados lugares y luego la gente tomaba el agua de ahí. Ya después se metió agua en las casas y hasta se hizo un corrido, que se canta con la música de Rosita Álvarez. Se lo cantaron con mariachi a don Pancho Bautista en una fiesta sorpresa al final de la obra."
La remodelación de la Iglesia del Niño Jesús
Sin lugar a dudas, el sitio emblemático y de identidad para los nativos del Niño Jesús es la Iglesia; sin embargo, no es la misma ermita que fue edificada por los franciscanos en el siglo XVI. En la década de los 40 vivió una serie de transformaciones realizadas por los mismos habitantes, con el fin de edificar un templo más grande, moderno y que diera cabida al creciente número de devotos del santo patrono.
A finales de la década de los 30, la Junta de Mejoras del Barrio acordó la ampliación del templo, para lo cual los vecinos se organizaron y aportaron todos los fondos y mano de obra para la realización de la construcción. Las obras comenzaron aproximadamente en el año 1940, y comenzaron dinamitando la parte anterior de la vieja ermita, en la cual se encontraron vestigios arqueológicos que datan de la época prehispánica y colonial. Algunos testimonios de la época señalan que lo único que se conservó intacto fue la cúpula, el arco y la torre del campanario, el presbítero de la capilla, Fray Emilio Salazar Mateos, lo relató así en una entrevista en 1997: "La parte más antigua de todo este edificio y de sus anexos, es la torre. Los estilos están encimados y se puede considerar colonial moderno en su conjunto." (Bassi, 1997).
En 1948 se terminaron las obras de reconstrucción de la Iglesia que existe hasta la actualidad. Los cambios más notorios fueron la ampliación de la fachada, que pasó de tener una puerta, a tener tres arcos, que de acuerdo con los pobladores representan a la santísima trinidad: "Padre, hijo y espíritu santo". La torre del campanario, el arco sostén y las escalinatas se respetaron y complementaron la obra con el toque colonial que las caracteriza.
De igual forma algunos pobladores aseguran que el atrio de la iglesia era mucho más grande de lo que es actualmente, sin embargo, la falta de certeza legal sobre la posesión de las tierras, así como el crecimiento de la mancha urbana, llevó a que se invadieran algunos terrenos que se consideraban como parte de la iglesia. Esta situación se frenó con la Declaratoria de nacionalización del templo, gracias a la cual, la propiedad de la iglesia quedó bajo la tutela del Estado y por ende del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). El 24 de abril de 1982, se publicó en el Diario Oficial de la Federación la Declaratoria de nacionalización de bienes relativa al inmueble que ocupa la Capilla de Niño Jesús y anexos en la Delegación de Coyoacán, en la cual se reconocen algunos de los aspectos característicos de la Iglesia del Niño Jesús, pero esta declaratoria reconoce en su fracción "d" lo siguiente:
"No existen datos sobre el avalúo estimativo del inmueble, en razón de que, en el caso, se trata de un monumento histórico por determinación de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, ya que data del siglo XVII y no se puede calcular el valor según se desprende del informe estadístico."
Pese a lo que se pueda imaginar, la capilla del Niño Jesús no es la misma que fue fundada durante la época colonial, pues solo su fachada, arco botarel y campanario, son la sección más antigua. Sin embargo, la nave central, cúpula, ábside y arcos, fueron una adición de los años 40, que fue hecha por las manos de los mismos nativos del Barrio.
De acuerdo con un texto inédito del año 1991, escrito por el cronista local Don Ricardo Hernández Tapia, que constituye fuente primaria, el proyecto de ampliación de la capilla del Niño Jesús fue un gran momento comunitario, donde los personajes más notables del Barrio pusieron su granito de arena para hacerlo posible.
A finales de 1930, la Junta de mejoras del Barrio acordó la ampliación del templo, para lo cual el Ing. Ricardo Campos elaboró los planos que se presentaron ante la Dirección de Monumentos Coloniales, pero que fueron rechazados porque afectarían la estructura del siglo XVI. Sin embargo, el Ing. Antonio del Conde, fue quien logró que se aprobaran los planos y se hizo cargo de la obra civil.
La obra comenzó a financiarse con las aportaciones de los vecinos, aunque con muy pobres colectas en un principio. En mayo de 1939, los obreros de la cantera de Santa Catarina, apoyaron en quitar el banco de piedras que se ubicaba en la parte posterior del templo, a fin de preparar el terreno para la obra.
Capilla del Niño Jesús: Un proyecto hecho con las manos del pueblo.

"La construcción no recibió apoyo de autoridades civiles o religiosas, sino que hasta su conclusión pertenecía y sigue perteneciendo al Barrio"
Con la piedra extraída, comenzó la construcción de los nuevos muros. En esos días, el Ing. Manuel Toussaint, Director de Monumentos Coloniales y vecino notable del Barrio, autorizó los permisos para la construcción, y se instaló un Comité Pro-Ampliación, presidido por Don Ponciano Robles, como secretario Carlos Hernández, tesorero Margarito Hernández, contador Manuel Ricaldi, primer vocal Marcelino Piña, segundo vocal Francisco Magaña y tercer vocal Evaristo Piña, quien fungió como maestro de obra. Cabe destacar que durante una inspección del Departamento del Distrito Federal, se ordenó la clausura de la obra y el arresto de sus responsables, siendo detenidos Don Evaristo Piña, Don Maximino Gutiérrez y Don Margarito Hernández, quienes tuvieron que pagar una multa para salir.
La construcción no pudo ser posible, sin el apoyo y donaciones en especie por parte de vecinos como Luciano Robles e Inés Piña (fundadores de La Siberia), Antonio del Conde, Vicente García, Everardo Villalobos, Evaristo Piña, Luis Flamenco, Guadalupe Negrete, Alfredo Tenorio y Esperanza Hernández, entre otros. En 1947, Don Luciano Robles aportó recursos económicos para finalizar con la obra, misma que se terminó en 1948.
En el interior de la iglesia se construyó una bóveda más grande, así como la sacristía y se edificó una cúpula dividida en 12 secciones y adornadas con pinturas de santos como San Juan y San Mateo, y la frase en letras doradas en el arco central del altar "Gloria in excelsis deo" que significa "Gloria a Dios en las alturas". En los años 50, Don Pascual Villarreal pintó el mural del presbiterio, y la Sra. Ofelia Garduño pintó una serie de escenas bíblicas que se encuentran en los costados de la nave.


Mención especial a las familias que hicieron posible la ampliación
Allende, Balderas, Bautista, Belmont, Betancourt, Correa, Del Conde, Del Valle, Díaz de León, Espinosa, Flamenco, García, Godoy, González, Gutiérrez, Hernández, Hidalgo, Landecho, Licona, Ledesma, López, Martínez, Mendoza, Meneses, MIranda, Negrete, Ordoñez, Ortiz, Parada, Piña, Ramírez, Ramos, Robles, Rosas, Rivas, Rivera, Schrader, Sánchez, Silva, Tapia, Tenorio, Toussaint, Torres, Vargas, Velasco, Vivas, Villalobos y Trejo.
La Siberia: del Niño Jesús al mundo.

La Sra. Concepción López Piña cuenta la historia de las famosas Nieves de la Siberia:
"Mis tíos Luciano Robles e Inés Piña comenzaron el negocio de las nieves en sus barriles en el Barrio, primero como una actividad de gusto, pero cuando vieron que a la familia les gustaban mucho sus nieves, se decidieron a fundar un negocito en el centro de Coyoacán aproximadamente en el año 1945. El negocio fue muy exitoso y comenzaron a ampliar los locales con la ayuda de sus sobrinos Antonio, Pancho, Guillermo, Marcelino y Juana, todos de la familia Piña, debido a que mis tíos nunca pudieron tener hijos. Mi tío Luciano tenía la fórmula de las nieves. sabía hacerla muy bien, eran muy ricas. Cuando falleció el tío Luciano, les heredó el negocio a sus sobrinos, pero Antonio Piña es quien recibió la receta de cómo hacer las nieves, la receta de mi tío. Luego se la enseñó a su hermano Guillermo. Ya después los hijos de Pancho y Marcelino se separaron e hicieron cada quien su nevería. La Siberia sigue siendo manejada por los hijos de Memo Piña, y los hijos de Marcelino abrieron la nevería El portal del sabor, también en el centro de Coyoacán".
En los años 80, recuerdan los habitantes, había una gran cohesión en torno a las tradiciones del barrio, las posadas, procesiones del Niño Jesús y demás festividades, eran celebradas con gran gusto y orgullo por todos sus habitantes. Esto no eximió al Barrio de los problemas clásicos en las urbanizaciones, como los temas de inseguridad. Dada la estructura urbana del Barrio, las únicas entradas son por la Calle Fernández Leal o Espíritu Santo, por lo cual a mucha gente le daba miedo meterse al Barrio, pues era constante que hubieran asaltos a transeúntes.
En los 90, también comenzaron algunos problemas por la escasez de agua potable, que debido a la gran urbanización de los pedregales, redujo el vital líquido en el Barrio. Las calles pequeñas dificultan el paso de vehículos grandes, por lo cual el camión de basura siempre se debe estacionar hasta la Iglesia, obligando a los habitantes a caminar con su basura algunos metros. A finales de los 90 también comenzaron problemas con la energía eléctrica, pues solo existía un transformador en todo el Barrio, ubicado en la Iglesia, y eran constantes las fallas eléctricas sobre todo en el callejón de Heliotropo.
Ya entrado el nuevo Milenio, el Barrio continuó transformándose y creciendo gradualmente. Uno de los primeros hechos destacados ocurrió en el año 2002, cuando se instalaron medidores en las casas de la tercera cerrada de Heliotropo, lo anterior, debido a la petición sumaria de los vecinos y el Comité Vecinal.
En el año 2010, ocurrió una transformación urbanística del Barrio, mediante el cual se logró remodelar las fachadas de todas las calles, para armonizar el estilo de la pintura y lograr que hubiera cierta uniformidad en las calles. Posteriormente, gracias a la iniciativa vecinal y el ejercicio de los Presupuestos participativos, se ha logrado la instalación de luminarias, repavimentación y nivelación de calles, desazolve de drenajes y reconstrucción de banquetas, que hasta la fecha siguen en buen estado.
El Barrio moderno
19 de septiembre de 2017
El terremoto del 19 de septiembre de 2017, tomó a todos los habitantes del Barrio desprevenidos. Hubo algunos daños estructurales menores en algunas casas del callejón de Heliotropo y algunas bardas dañadas en Fernández Leal, pero sin lugar a dudas, el sismo golpeó al emblema del Barrio: la Iglesia.
El movimiento telúrico fue muy fuerte, por lo cual, la iglesia sufrió diversos daños en su infraestructura, columnas cuarteadas, el campanario colonial se fracturó y corre el riesgo de derrumbarse. De acuerdo con un dictamen emitido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la iglesia tiene fracturas en la fachada, contrafuerte del arco, campanario base y arcos, motivo por el cual, la iglesia permanece cerrada al público desde entonces. Las misas y demás liturgias se han tenido que hacer en una carpa instalada en el atrio, como una solución temporal.


Por fin 5 años después del terremoto del 19 de septiembre, y gracias a la gestión y presión de los vecinos ante las instancias competentes, se consiguió que comenzaran las obras de remodelación de la capilla del Niño Jesús. Los daños son múltiples, pero se priorizó la reparación de la parte más antigua de la construcción que es la entrada, el campanario y el contrafuerte del campanario.
Pareciera que solo es una reparación de la fachada, pero es un proceso más profundo, que implicó la restauración interna y externa del edificio original, comenzando con su tallado inicial para la reparación de grietas, aberturas y fracturas que dejó el sismo. Cabe mencionar, que de acuerdo con el INAH, la capilla no tuvo daños tan severos, debido a la nobleza de sus materiales de construcción y la firmeza del suelo donde se ubica. No así con la parte más nueva de la iglesia, la cual presenta aún los años más severos, como son el ábside, cúpula y arcos sostenes de los mismos.